Bienestar subjetivo y acompañamiento terapéutico

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En los últimos años, el paradigma de salud, otorga mayor importancia al concepto de bienestar subjetivo. Cuando hablamos de este enunciado, tenemos que tener en cuenta que no hablamos de patología sino de proceso, no hablamos de enfermedad sino de vulnerabilidad, no hablamos de estatismo sino sobre dinamismo, no hablamos de pasado sino de futuro, no hablamos de arreglo sino de evolución.

La subjetividad es lo propio, lo singular en cada uno, es un procesamiento mental de la información externa, sea verbal o no verbal, que, mediada por los significados que le damos a los acontecimientos rectores de nuestra biografía, genera una nueva concepción propia, que a su vez, se devuelve al exterior en formato de actitudes, relaciones cognitivas y sentires de manera única para la persona.

Entonces, pensaremos en los siguientes renglones, al concepto de bienestar subjetivo como un proceso de evolución individual que se lleva adelante con la re-significación de nuestra biografía al entrevero con la información del entorno social.

Un desarrollo del bienestar subjetivo positivo se manifiesta  la relación armónica entre la persona y su entorno sin que por ello coarte ningún tipo de libertad individual ni registro del otro como parte su desarrollo. Tiene una función social para la persona que es el compartir con otros la autenticidad personal en pos de un sentimiento de comunidad evolutivo. Permite la entrega a la convivencia social sin miedos, sin defensas, con compromiso por sí mismo y el entorno

 Al contrario, si hablamos de un desarrollo subjetivo negativo, manifiesta también una relación armónica individuo-entorno pero de manera interesada parasitaria, sin registro del otro como parte del desarrollo. 

Propende a la utilización de los otros en beneficio propio sin compartir la autenticidad, ya que no hay registro un otro-persona sino un otro-suplemento. Permite el desarrollo de un bienestar desde el miedo a sí mismo, a ser adolorido por el otro, a ponerse máscaras que no son más que “copia y pegue” de los otros sin mediar significación con la biografía personal sino más bien, evitándolo y creando un maquillaje al ser, que va cambiando según las necesidades sordas, morales, sexuales, emocionales para la situación. No hay reelaboración del sí mismo, sino un actuar camaleónico que sostiene una armonía ficticia con el entorno y asegura el no-compromiso con el otro.

 El primero de los bienestares aparece al mundo como amor propio, en segundo como narcisismo.

De manera que, y a formulación provisoria, podemos empezar asintiendo que en los elementos del bienestar subjetivo aparece  una co-construcción entre el entorno y la historia vivenciada de la persona, donde la elaboración se pone a prueba en la cotidianidad. Es sorprendente como en el manifiesto diario concluye su expresión en cualquiera de sus polaridades- positivas  o  negativas- y, aún así, es dinámico al punto que su camino al bienestar se modifica y re modifica al punto de perder su estaticidad al contacto con lo social, en principio el entorno significativo cercano.

Como entendimiento posterior, la aceptación que el otro constituye desde el lenguaje y sus actos. Las palabras influyen y los actos dan certeza o confusión sobre el mensaje a un otro. De manera que es posible que una persona que recibe mensajes negativos o positivos condicione su historicidad – que permanece siempre en inacabada narrativa – y moldee los sentires vivenciales expuestos en lo cotidiano.

El tercer punto es la comprensión que generarse bienestar subjetivo implica el aprendizaje en la mediación entre lo intrínseco construyente y lo extrínseco colaborante. Constantemente mediamos entre “el adentro y el afuera” y es en ese acto automático, se juega el registro, simbolismo y dirección ( positiva- negativa) en el que lo integramos a nuestra narrativa construyente. Si lo registramos, simbolizamos y direccionamos amenazante, es probable que ingrese a nuestra historia de vida con el corset de las defensas internas y devueltas al entorno en forma defensiva también llamado egoísmo.

En definitiva, podemos y es nuestra tarea la creación de nuestro bienestar entendiendo que no se desarrolla de manera interna o externa sino mediante la congruencia entre ambos, que quien nos trata también constituye nuestra mirada vital, que no se produce espontáneamente ni es dado por el contrario es una construcción dinámica, cotidiana e individual.

El bienestar siempre es armonía, la pregunta que nos podríamos plantear es ¿qué armonía estamos dispuestos a vivir, si de manera auténtica y positiva o su opción enmascarada de ego y negativa?

Palabras finales

Desde el acompañamiento terapéutico entendido como un acto social, favorecer una construcción autentica de la subjetividad del acompañado permite que, una vez finalizado el proceso de acompañar, la persona internalice una caja de herramientas capaz de transitar una cotidianidad congruente con el sí mismo, permitiendo un adherencia social con mayor autenticidad y por ende mas feliz.

Fernando Camacho
Fernando Camacho
Qué tal, mi nombre es Fernando y soy acompañante terapéutico. Líder creativo. Presidente y cofundador de la Asociación de Acompañantes Terapéuticos Humanistas de Argentina (AATHDAR). ¡Saludos desde Mar de Plata!

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